Aquella tarde de sol, me encontraba vagando solo por una playa, paseando tranquilamente por la arena, rompiendo las olas que llegaban hasta mis pies.
No advertí, que no estaba solo, así que pronto otras voces se hicieron notar, llamando mi atención.
-Hola...
*Hola...
-¿Qué tal estas?...
*Bien muchas gracias, y tu.....
**¿Hola, alguien me puede ayudar?
Esa tercera voz, pidiendo ayuda, nos llamó la atención, los dos preguntamos ¿qué te ocurre?. La chica tardó en contestar, y lo que contestaba, no estaba muy acorde con su situación de pedir auxilio, así que me lance a darla una ultima ayuda inmedíata, advirtiéndola que quizás no pudiera ayudarla, pero si no me cuenta lo que la pasa, menos ayuda aun podrá obtener de mi. De nuevo encontré un silencio como respuesta, así que decidí seguir con mi paseo por la playa, y la segunda voz también me acompañaba.
-Hola de nuevo, ¿cómo te llamas?
*Me llamo Silvren.
-Pues encantado de conocerte Silvren
Decidimos sentarnos tranquilamente en las escaleras, que servían de gradas a un campo de voleyball para charlar mas tranquilamente, admirando la puesta de sol.
** ¡¡¡SOCOROOOOOO!!!
De nuevo la paz de la charla que se prometía entre Silvren y yo, se vio turbada. Creo que la chica en cuestión, solo pretendía llamar nuestra atención sin importar lo que pudiera acontecer después. Haciendo otro esfuerzo fui hacia ella, y la volví a preguntar, ¿qué te ocurre?. Silvren también apareció y ofreció su ayuda, pero del mismo modo que no hay más sordo que quien no quiere oír, no hay mas dios ni ser humano que pueda echar una mano, a quien no se quiere dejar ayudar. De nuevo encontramos un mudo silencio como respuesta y al cabo de un momento, la chica desapareció.
Unos instantes después, nos sentamos de nuevo en la grada del campo, y empezamos a preguntarnos mutuamente, empezamos a conocernos, a charlar tranquilamente sobre cosas banales, insustanciales, sin importancia, pero que nos iba acercando el uno al otro, dejándonos entrever cada vez un poco mas acerca de nosotros mismos.
Iba pasando el tiempo, así como el sol se iba poniendo, y cada vez mas adoptaba un color que pasaba del amarillo, al anaranjado, y de este a un rojo chillón. Parecía que el sol se avergonzaba de vernos juntos, y por eso sonrojaba, y se escondía. Yo si fuera el sol en ese momento no dudaría en dejar de alumbrar con las pocas fuerzas que me quedaran a esas horas de la tarde, y pensaría que lo mejor seria dar paso a la luna, para adornar mucho mejor aquella velada. La multitud iba llegando poco a poco a la playa, así que para la noche, Silvren tuvo otra idea, y me invito a su casa, y yo que desde luego nunca me suelo negar a nada, y menos si buscando puedo encontrar algunos besos perdidos, allí me vi, en su casa charlando placidamente.
*¿Sabes que creo que eres un poco especial?, me dijo ella........
(No se que ha podido ver en mi) pero yo afirme su pregunta un poco dubitativo, a la que también respondí con otra pregunta.
-¿Por qué opinas eso de mi?
*Por la forma que tuviste de tratar a esa chica en la playa.
- Bueno conteste yo... yo solo quise ayudar, pero creo que ella no hacia mas que llamar la atención.
*Eso creo yo también, me afirmo ella, pero tú has insistido por activa y por pasiva ofreciendo tu ayuda, y por eso he pensado que tienes algo especial, no todo el mundo se hubiera portado como tu.
Me di cuenta entonces de dos cosas, una era que me estaba sonrojando, y la otra de mi mala educación, pues hasta ahora aun no me había presentado.
-Me llamo Estarinel.....
*Encantada Estarinel......
Y en ese momento los dos nos vimos fundidos como una sola persona en un fuerte abrazo, en el que yo podía presagiar que de ahí saliera algo mas que una amistad.
Nos servimos unas copas, y nos acomodamos. Los dos teníamos la sensación, que tenia junto al otro, una persona absolutamente tan desconocida, tan lejana, como a cada pregunta hecha y respuesta encontrada, pareciera que nos acercáramos tanto que quisiéramos conocernos desde la infancia, y recuperar todo el tiempo perdido hasta el día de hoy. Llegó el primer beso, no me di cuenta si fue ella quien se acerco, o fui yo el que se lanzo, solo se que sentí tal cosquilleo por todo mi cuerpo, que los segundos que duro ese beso, tan cálido y placentero, derritió por completo el hielo de las copas.
Aquí terminó la velada, viniendo otra, y otra, y otra en los días sucesivos, todas ellas tan maravillosas como la primera. Me enseño todos sus santuarios, incluso los que otros amores, nunca pudieron entrar en ellos. A mí que siempre me ha gustado ser un ave de paso, poder volar hacia donde el sol me diera los vientos mas cálidos, no me podía creer mi cambio de actitud hacia con ella. Sin saber muy bien, ni como ni porque, insufle aire a mis pulmones, y armándome de valor, creyendo estar en el lugar y momento oportuno, la pedí matrimonio. Era increíble, pues en ese momento, yo mismo corte por lo sano mis alas, y dispuesto a atarme yo solito por todas las eternidades, esperando una respuesta, que se alargaba... mirando su cara pensativa y dubitativa, por mi proposición.
Toda mi valentía, mis fuerzas y mis armas, se quedaron en nada. Yo con las alas cortadas, pasando del cielo a la tierra en menos de un segundo, el batacazo no pudo ser mayor, cuando escuche su respuesta.
*¡No estoy preparada!....me dijo.
Y estaba ciego, pues no daba crédito a todo lo que me estaba aconteciendo, así que después del paso de varios días mas llego la hora de mirarnos fijamente a los ojos, y a empezar a abrir de nosotros mismos, la parte que sabíamos que teníamos que dejar conocernos, esa parte que en el fondo no queríamos escuchar el uno del otro, pero a la vez tan necesaria de conocer.
Los dos teníamos problemas, incluso sentimentales, pero yo lo único que quería, era darla ánimos, reconfortarla, abrazarla, besarla..... millones de “Te quieros” eran suficiente para reconfortarla, pero no para llegar a extinguir sus pesares anteriores.
*Estarinel...
-Dime.....
*No quiero hacerte daño...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario